EL BLOG DE NOEMÍ TUR
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El Estrés. “Durmiendo con mi enemigo”

Hemos aprendido a ver la enfermedad como resultado del envejecimiento del cuerpo, cuando en realidad nuestro cuerpo lleva sanándose a sí mismo desde el primer dia: ha reparado cortes, quemaduras, torceduras, roturas, regenerado órganos, eliminado toxinas, y encapsulado virus muchas más veces de las que ha enfermado, puesto que el primer objetivo de nuestro cuerpo es mantenernos con vida.

Sabemos que el instinto más fuerte en cualquier especie es el de supervivencia, ¿porqué tendría entonces que enfermar? ¿Qué pasaría si no estuviéramos destinados a rompernos u enfermar sino que estuviéramos diseñados para sanarnos continuamente?

Esta forma de ver nuestro cuerpo y su funcionamiento, supone una revolución en nuestras creencias. La antigua creencia “Desde que nacemos empezamos a morir” representa esta idea de que estamos destinados a enfermar pero, ¿cómo cambia la visión de nuestra biología si pensamos “Mi cuerpo me sana cada día” o “La principal tarea de mi cuerpo es crear salud”?

Entonces, si mi cuerpo está creado para mantenernos sanos… ¿Qué nos enferma? ¿Es el entorno el culpable de la enfermedad?

psiconeuroinmunobiología

La psiconeuroinmunobiología, es el área de las ciencias de la salud que estudia la relación que hay entre pensamientos y  emociones y cómo éstas afectan al sistema inmunológico estimulándolo o deprimiéndolo.

Esta nueva área de la ciencia médica, ha demostrado la estrecha relación que hay entre los acontecimientos de nuestra vida, nuestras emociones y el desencadenamiento de enfermedades físicas.

La pregunta es: ¿Podemos evitar los acontecimientos estresantes de nuestra vida?

Está claro que no totalmente. Por prudentes que seamos, en la vida siempre hay acontecimientos inesperados, nuevos escenarios a los que nos tenemos que adaptar y nuevas respuestas que aprender.

Ese no es el problema. Una vida en la que nunca hay nuevos escenarios, además de resultar totalmente imposible, resultaría absolutamente aburrida y monótona.

El problema no son los cambios sino la forma en la que nosotros,  nos adaptamos, o no, a ellos.

El estrés es una respuesta de adaptación de nuestro sistema nervioso a las amenazas que percibimos del entorno. Es un mecanismo fisiológico muy complejo que nos prepara para la lucha o la huida y que se activa ante las emociones de rabia, miedo, tristeza o desesperación. Estas emociones se disparan cuando nos sentimos en peligro y creemos que no tenemos la capacidad de resolver la situación satisfactoriamente.

La paradoja está en que a pesar de haber creado una sociedad “segura” ante la que suele haber pocas amenazas reales a nuestra vida, estamos más estresados que nunca.

Todos los mamíferos tienen este mecanismo de defensa ante el ataque que desencadena el estrés, pero está claro que nosotros no lo gestionamos de la misma manera.

¿Cómo funciona el mecanismo del Estrés?

Los humanos poseemos en nuestra corteza pre-frontal la capacidad de reflexionar sobre nosotros mismos, la capacidad de recordar el pasado y de imaginar el futuro y eso lo cambia todo en la forma que tenemos de experimentar nuestra realidad y las “amenazas” que en ella se hallan.

Pongamos un ejemplo: imaginemos una cebra africana que va a beber a un lago. Se acerca un león al que no había visto y que intenta morderla para comérsela.

El mecanismo de defensa o huida se dispara rápidamente para que la cebra pueda escapar. La cebra siente miedo, su corazón se dispara, bombea mucha más sangre a sus músculos para que pueda correr a gran velocidad, su páncreas segrega más azúcar para que pueda disponer de toda la energía posible, la sangre se retira de sus vísceras para dar una aporte extra a las extremidades y para la digestión, los vasos sanguíneos periféricos se comprimen para dar más aporte de sangre a los principales y así prepararse ante una posible herida y no perder demasiada sangre, etc.

Todo esto ocurre en una milésima de segundo. Y la cebra corre todo lo que puede, hasta que se da cuenta de que está a salvo. En cuanto para, inmediatamente su cuerpo vuelve al reposo, pudiendo recobrarse del gran gasto energético que ha hecho para preservar su vida.

La cebra, al contrario que los humanos, no se va a preocupar por qué va a pasar cuando se acerque a beber en la próxima charca, ni se imaginará que hubiera sido de sus crías -si las hubiera tenido- si se hubiera acercado un león a ellas, ni se angustiará recordando lo mucho que se asustó cuando vio al felino… porque no tiene las funciones superiores de pensamiento de nuestra corteza pre- frontal: memoria, imaginación, reflexión, etc.
Simplemente volverá al reposo y se recuperará.

Cebra sin estrés

La cebra, al contrario que los humanos, no se preocupa por qué va a pasar cuando se acerque a beber en la próxima charca, ni se imaginará que hubiera sido de sus crías, ni se angustiará recordando lo mucho que se asustó cuando vio al felino… porque no tiene las funciones superiores de pensamiento de nuestra corteza pre-frontal: memoria, imaginación, reflexión, etc.
Simplemente volverá al reposo y se recuperará.

El Estrés en la vida cotidiana

No es así para nosotros hoy en día. Nuestras preocupaciones cotidianas, nuestros miedos y enfados del día a día son el verdadero estrés de nuestro cuerpo. No importa que no haya león, nosotros vivimos, dormimos, comemos y soñamos con él. Y como para nuestro sistema nervioso no hay diferencia entre lo que imaginamos y lo que realmente nos sucede, vivimos preparados fisiológicamente para luchar o huir casi todo el tiempo, provocando un desgaste innecesario en nuestro organismo. No nos da tiempo a volver al estado de regeneración y equilibrio. Puesto que hemos entrenado a nuestro cerebro a pasar de una preocupación a otra o a ir de enfado en enfado.

Intentando evitar que algo malo pase en el futuro, vivimos anticipando aquello que no queremos que pase y convirtiéndolo en realidad, al menos para nuestro organismo.

Muchas veces pensamos en el estrés como un periodo de nuestras vidas de alta exigencia o en el que hubo mucha dificultad, y no nos paramos a pensar en el estrés cotidiano que nos acompaña en nuestro día a día: las pequeñas frustraciones, la sensación de no llegar nunca a tiempo, la exigencia interna que me hace pensar que siempre podría haberlo hecho mejor y que me genera culpa…todo eso de forma continuada en nuestra vida es nuestra verdadera fuente de enfermedad y de infelicidad.

Elimina el Estrés de raíz

Aprender a controlar la corteza pre-frontal es un nuevo paso evolutivo para nuestra sociedad. Utilizar el pensamiento sólo para cuando necesitamos crear o resolver un problema es imprescindible para nuestra sanación individual y colectiva. Eso significa abandonar el constante diálogo interno, para poner silencio en nuestras mentes, y poner alegría en nuestros corazones. Cuando aceptamos los acontecimientos de nuestra vida tal y como son, sin ofendernos, enfadarnos ni preocuparnos, podemos recuperar el estado de equilibrio y paz interior que nuestros compañeros mamíferos parecen manejar tan bien.

Elegir qué pensamos y cuando pensamos, supone elegir cómo nos sentimos y en qué intensidad. Significa recuperar el control de nuestras vidas, y no vivir atemorizados por lo que puede suceder en nuestro entorno, puesto que hemos decidido que, pase lo que pase, nosotros sabemos tomarlo bien.

Reconocer los efectos que las emociones negativas cotidianas nos generan y aprender a transformarlas en amor, aceptación, seguridad, confianza… supone vivir la misma vida que tenías de una forma totalmente diferente. Sin duda, mucho más feliz y saludable.

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